Yo soy un carajo que ama la música y se reprime de escucharla al volumen que quisiera, porque pienso que mis vecinos pueden estar durmiendo, o que están tirando y les pongo un reguetón y les corto la inspiración; en esos casos, simplemente cierro la ventana de mi cuarto y la pongo a volumen alto, pero racional. Le armo peos a mi perro cada vez que se pone a ladrarle a las ardillas, le tiro piedras a las ardillas para que se vayan, porque me molestan los ruidos repetitivos -como los ladridos- y de verdad me ponen de muy mal humor; como es posible, recontra coño de tu madre, que tus dos perros -los de mis vecinos- ladren todos los días a las cinco de la mañana por veinte minutos. Será que quieren cachapear a esa hora y como uno está adentro de la casa y otro afuera, tu comprenderás.
Les grito, les tiro mierdas, ¡les he tirado salchichas! y los coños siguen ladrando. Mis vecinos con toda seguridad son sordos de pila, porque mira que dormir con ese escándalo no está nada fácil. Un día de estos, me voy a montar en la escalera con mi pistola de paintball y los voy a acribillar. A los vecinos.